La población mundial era de unos 6,000 millones en el año 2000 y superaba los 7,600 millones dos décadas después. Con ella creció la cantidad de bienes, envases y residuos que producimos cada día.
El problema no nace en el bosque
La basura que aparece en una montaña no se generó ahí: se compró en la ciudad y se subió en una mochila. Por eso el primer paso es anterior al viaje: observar qué compras, para qué lo usas y cuántas veces.
Reglas simples que funcionan
- Todo lo que sube, baja: incluidas cáscaras, colillas y papel higiénico.
- Reempaca en casa: quita cartones y plásticos innecesarios antes de salir.
- Bolsa de residuos en la mochila desde el día uno.
- Botella y taza reutilizables en lugar de desechables.
- Si encuentras basura ajena y puedes cargarla, cárgala.
Qué hacemos en ruta
En todos nuestros viajes aplicamos principios de cero rastro: separación de residuos, agua rellenable, y en destinos remotos como Nepal o Pakistán bajamos los residuos hasta el punto donde existe tratamiento real.
Un kilo diario por persona parece poco hasta que lo multiplicas por dieciséis viajeros y catorce días. Ahí está la diferencia.


