Japón es dos países que conviven sin estorbarse. En la misma tarde puedes pasar de un jardín zen donde nadie levanta la voz al cruce más transitado del planeta, y ninguno de los dos se siente falso.
Lo antiguo
Kioto conserva templos, casas de té y calles de madera donde el ritual todavía manda. Nara, Kanazawa o Takayama completan ese Japón que se mueve despacio.
Lo moderno
Tokio funciona como un organismo: trenes puntuales al segundo, barrios que cambian de carácter cada estación de metro y una escena gastronómica que va del puesto callejero a la barra de ocho asientos.
La naturaleza
Es la parte que sorprende. El monte Fuji, los Alpes japoneses, los bosques de bambú y las islas del sur muestran un país mucho más verde y montañoso de lo que anticipa cualquier postal urbana.
Cuándo ir
Primavera por los cerezos y otoño por los arces son las temporadas más buscadas; septiembre y octubre ofrecen clima amable y menos multitudes.
Cómo lo recorremos
Como viaje cultural en grupo pequeño: trenes, barrios a pie, templos temprano para evitar filas y tiempo libre para que cada quien encuentre su propio Japón.


